Y seguro que lo fue ayer para doce jugadores de baloncesto y millares de aficionados encantados con el triunfo de la selección española en el Mundobasket de Japón. Una docena de jugadores excelentes, incluyendo al mejor del campeonato, Gasol, pero sobre todo un gran equipo y un extraordinario entrenador como director de orquesta.
Una victoria diferente. Por lo menos yo he sentido una emoción distinta a la de otras ocasiones en las que nuestras selecciones o deportistas han conseguido grandes éxitos. Quizá porque este equipo transmitía la amistad que entre ellos ejercen. Quizá por ese contratiempo de Gasol y la respuesta de sus compañeros. Quizá por la generosidad y el sufrimiento contenido de Pepu. Quizá, porque, en definitiva, sí, la vida puede ser maravillosa.


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