Bien, ya nos ha explicado el señor Zapatero que, ese interés por mantener la tensión que le confiaba a Gabilondo, alias "Sin problemas, ¿no?", no consistía en insistir en un tratamiento de Viagra sino que se refería a "movilizar al electorado", o lo que es lo mismo, inmovilizar a quienes le votaron en 2004 y están pensando en huir despavoridos hacia, como mínimo, la abstención.
La verdad es que es una explicación plausible: si por una descabellada hipótesis pudieran manipular las encuestas del CIS o pulsómetros afines, hasta les podría interesar, que pareciera que, dentro de la real igualdad, hay una diferencia escasa que necesita de la reacción de los afines más vaguetes. El inconveniente es que la credibilidad de Zapatero es la misma que la de Otegui como Dalai Lama/Hombre de paz.
Ahora bien, lo que no ha explicado Zapatero, que siempre espera que nos olvidemos de algo, es eso de que a partir de este fin de semana se va "a poner drámatico". ¿Quiere decir que aparecerá en sus mitines teatral y afectado? ¿Que los aspectos infaustos dominarán sus discursos? ¿Qué conflicto afrontará y de qué manera para conmovernos? ¿Qué relaciones especialmente significativas revelará? Es capaz de aparecer en un atril con un calavera y recitar su programa cual "abajofirmante" de la plataforma ceja.
Pues nada, es posible que al PSOE le haga falta crear tensión y poner como motos a sus votantes para que no fallen, pero lo que no le hace falta, de verdad, es que Zapatero dramatice. Eso sería sobreactuar porque Zapatero, en sí mismo, es un drama.

